Vaya por delante que cualquier escenario es fantástico, porque es el lugar espléndido que permite el contacto entre artistas y público. Pero hay escenarios que por su forma y su significación, marcan una sutil diferencia. Es el caso del Jardín Renacentista de Béjar, sin duda un lugar muy especial situado en esa preciosa ciudad del sur de Salamanca, muy cerca del paso hacia Extremadura.

A escasos dos kilómetros del centro se encuentra este recinto histórico construido en el siglo XVI, cuando los duques de Béjar y de Plasencia lo idearon para divertirse y disfrutar de la vida, tal como entonces les permitían sus privilegios. Se trata de uno de los más antiguos jardines históricos de España, que cuenta con un gran estanque en su parte superior que distribuye las aguas por el resto de las estancias del jardín y contribuye al riego de los campos circundantes. Desde hace más de 20 años pertenece al Ayuntamiento Bejerano y a la Junta de Castilla y León.

También llamado El Bosque de Béjar, es una preciosa joya patrimonial de la ciudad. Cada año, el municipio programa en julio un ciudado festival, en el que el sábado pasado tuvimos el honor de participar con una ambientación que convirtió el histórico recinto en un magnífico escenario de fantasías cromáticas y animaciones de danza y teatro.

Con Trasgos y Martes llenamos el jardín de energía. Siete ambientaciones llenas de sorpresas y personajes que convirtieron el bosque renacentista en una sublime experiencia para las personas que lo visitaron, con grupos que accedían al recinto guardando los protocolos de seguridad y que se paseaban entre los personajes de otros mundos, los trajes fantásticos, las flores móviles, las hadas que danzan y los faunos que convierten cada instante en irrepetible.

Un gustazo haber formado parte de esa experiencia mágica, aportando más valor si cabe a un monumento de primera magnitud, engrandecido por la magia de nuestra compañía y donde ha resultado un placer actuar. Pocos lugares se adaptan tan bien a nuestra filosofía como un entorno así, pensado desde el principio para dar rienda suelta a los sueños, la contemplación y el placer.